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Los Andes tiene la niña de las flores

Desde 1988, Floristería Silvia ha acompañado historias de amor, celebraciones, despedidas y momentos importantes de cientos de familias de Los Andes. Hoy, Karen Castro Rifo continúa el legado iniciado por su madre, la señora Silvia, manteniendo vivo un oficio donde cada ramo lleva una historia, una emoción y, sobre todo, una profunda tradición familiar.

Hay negocios que se reconocen por su nombre y otros que terminan formando parte de la memoria de una ciudad. Floristería Silvia pertenece a estos últimos.

Su historia comenzó en 1988, cuando la señora Silvia decidió crear en Los Andes una florería que tuviera algo más que flores. Quería ofrecer cercanía, calidad, buen servicio y, especialmente, acompañar a cada persona en la creación de un arreglo capaz de representar aquello que muchas veces resulta difícil expresar con palabras.

Con el paso de los años, sus composiciones comenzaron a distinguirse por una armonía particular entre flores, colores, texturas y formas. Pero detrás de cada ramo también existía conversación, escucha y conocimiento.

Y mientras la señora Silvia construía aquella relación con sus clientes, sus hijas crecían junto a ella aprendiendo el oficio.

Desde muy pequeñas participaron en la selección de las flores, el armado de los arreglos, la preparación de pedidos y las múltiples tareas propias de un negocio familiar. Así, casi sin darse cuenta, fueron recibiendo algo mucho más profundo que una técnica: recibieron una manera de entender el trabajo y el servicio.

Hoy es Karen Castro Rifo, ingeniera en Agronegocios, quien se encuentra al frente de esta historia.

Un ramo nunca es solamente un ramo

Karen ha incorporado a la tradición familiar sus propios conocimientos profesionales, su sensibilidad artística, su interés por la filosofía, el diseño y la creación de autor.

Todo aquello aparece cuando una persona entra al local buscando flores.

Porque antes de crear, Karen escucha.

Pregunta para quién son, qué se quiere transmitir, cuál es la ocasión y qué sentimiento existe detrás de ese regalo. A partir de esa conversación recomienda colores, variedades, texturas, adornos y combinaciones.

Tal vez flores blancas. Quizás amarillas. Tonos más suaves o composiciones más intensas.

El resultado busca ser siempre diferente.

Cada ramo nace como una creación particular, pensada para una persona y para un momento determinado.

Es precisamente allí donde permanece la huella que la señora Silvia dejó en sus hijas: entender que detrás de cada cliente existe una historia.

Floristería Silvia ha estado presente durante décadas en aniversarios, matrimonios, licenciaturas, celebraciones, cumpleaños y encuentros familiares. Pero también ha tenido que estar cuando las flores cumplen otra misión: contener, acompañar y expresar cariño frente a una despedida.

Porque las flores celebran la vida, pero también ayudan a abrazar cuando las palabras ya no alcanzan.

“La niña de las flores”

Hay un recuerdo que Karen conserva especialmente.

Cuando era niña, algunas de sus amistades la identificaban como “la niña de las flores”, una referencia que inevitablemente recuerda a aquella conocida historia animada donde las flores acompañaban a su protagonista.

En su caso, el nombre tenía bastante sentido.

Mientras otros niños terminaban sus actividades escolares, Karen ya conocía de cerca el esfuerzo de emprender. Acompañaba a su madre y asistía a establecimientos educacionales durante las licenciaturas para vender flores a las familias que llegaban a celebrar aquel importante momento.

De alguna manera, su primera escuela empresarial comenzó allí.

Entre flores.

Entre clientes.

Y junto a su madre.

Aquella niña que ayudaba a vender flores es hoy la mujer que dirige el negocio familiar.

Una herencia que continúa

Hace más de un año la señora Silvia dejó este plano, pero para Karen su presencia continúa profundamente vinculada a la florería.

Está en las manos que preparan cada arreglo, en determinadas formas de combinar una flor, en la preocupación por entregar un buen servicio y en esa manera especial de atender que las hijas aprendieron observando a su madre durante años.

Karen reconoce sentirse honrada de continuar aquello que la señora Silvia comenzó en 1988.

No está sola.

Sus hermanas continúan siendo parte importante de esta historia y vuelven a reunirse especialmente cuando llegan aquellas fechas que ponen a prueba toda la capacidad de una florería: Día de la Madre, Día del Amor y otras celebraciones de alta demanda.

Es entonces cuando vuelve a aparecer con fuerza aquella imagen del negocio familiar donde cada integrante aporta, ayuda y participa.

Hoy, esa tradición comienza a proyectarse bajo el concepto Arte Florístico Silvia, manteniendo intacto un nombre que generaciones de clientes ya conocen simplemente como Floristería Silvia.

El servicio también se ha adaptado a los nuevos tiempos, incorporando despacho propio para que cada creación pueda llegar directamente a quien debe recibirla.

Perseverar para crecer sin perder la esencia

Cuando se le pregunta a Karen qué significa emprender y qué aprendizaje compartiría con quienes están comenzando un proyecto, no duda demasiado.

“La perseverancia.”

Para ella, esa palabra resume buena parte de la historia.

«“La perseverancia es el verbo rector que a mí me ha dado muy buenos resultados. Eso es lo que puedo regalar a los demás: que sean perseverantes. La perseverancia es clave para lograr tus objetivos y tus proyectos”.»

Y precisamente perseverar es también lo que ha permitido que aquel emprendimiento iniciado por su madre en 1988 continúe presente décadas después.

Ahora Karen mira hacia adelante.

Entre sus proyectos está ampliar la presencia de Arte Florístico Silvia con nuevas sucursales dentro del Valle de Aconcagua.

Pero crecer tiene una condición irrenunciable: mantener el estilo, la atención, la calidad y la cercanía que dieron origen al negocio.

Porque una sucursal puede replicarse.

Un nombre puede extenderse.

Pero el verdadero desafío será conservar aquello que no aparece escrito en ninguna etiqueta: el espíritu con el que la señora Silvia enseñó a sus hijas a trabajar.

Quizás por eso decir que Los Andes tiene “la niña de las flores” no es solamente una bonita manera de describir a Karen.

Es también una forma de contar que aquella niña que alguna vez acompañó a su madre vendiendo flores en las licenciaturas hoy continúa haciendo exactamente aquello que aprendió desde pequeña: acompañar los momentos importantes de otras personas a través de las flores.


Arte Florístico Silvia — Floristería Silvia

Dirección: Av. Santa Teresa 1293, Los Andes.
Instagram: @artefloristicosilvia