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Amor, compañía y adopción: el especial vínculo de la diputada Bello con sus mascotas

Las mascotas han adquirido un lugar importante en la vida de muchas familias. Más allá de la compañía cotidiana, perros, gatos y otros animales pueden convertirse en una fuente de afecto, seguridad emocional y apoyo durante momentos difíciles.

Para profundizar en esta relación, conversamos con la diputada María Francisca Bello, representante del Distrito 6, quien ha participado en iniciativas legislativas relacionadas con la protección animal, entre ellas una propuesta para reconocer a los animales como seres sintientes.

Diputada, cada vez son más las personas que consideran a sus mascotas como integrantes de su familia. Desde su experiencia personal, ¿qué significado tiene esta relación y por qué cree que los animales llegan a ocupar un espacio tan importante en nuestras vidas?

Respuesta: He tenido varios perritos adoptados a lo largo de mi vida y para mí nunca han sido simplemente una mascota. Son parte de la familia, de la rutina, de los momentos buenos y también de los difíciles. Creo que quienes hemos compartido nuestra vida con animales sabemos que se construye un vínculo muy profundo, porque entregan cariño de una manera muy noble y sin condiciones. Uno aprende a conocerlos, a entender sus gestos, sus personalidades y también a preocuparse genuinamente por su bienestar. Por eso me parece completamente natural que hoy tantas familias los consideren un integrante más de su hogar.

En momentos de tristeza, estrés, ansiedad o soledad, muchas personas encuentran consuelo en sus animales de compañía. ¿Cómo considera que este vínculo puede contribuir al bienestar emocional de las personas?

Respuesta: Hay algo muy especial en la compañía de un animal: muchas veces no necesitamos explicarles cómo nos sentimos para encontrar consuelo en ellos. Su presencia, la rutina de cuidarlos, salir a caminar o simplemente tenerlos cerca puede ser tremendamente significativa cuando una persona está pasando por un momento difícil. Por supuesto que una mascota no reemplaza la atención profesional cuando es necesaria, pero sí puede formar parte de esas redes afectivas cotidianas que nos ayudan a sentirnos acompañados y queridos.

Para numerosos adultos mayores, una mascota representa compañía, afecto y una motivación para mantenerse activos. ¿Qué importancia atribuye a esta relación en una etapa de la vida en que algunas personas enfrentan situaciones de aislamiento o soledad?

Respuesta: Me parece especialmente importante. En el Valle de Aconcagua tenemos muchas personas mayores que viven solas o cuyos hijos y familias no necesariamente están cerca todos los días. Un perro o un gato puede significar compañía, cariño y también una rutina: levantarse, alimentarlo, salir a caminar, preocuparse por otro ser vivo. Pero eso también nos plantea una responsabilidad como sociedad. No podemos hablar solamente de los beneficios de tener mascotas si después una persona mayor no tiene cómo llevar a su animal al veterinario o afrontar determinados gastos. Ahí también las políticas públicas locales pueden cumplir un papel.

Crecer junto a una mascota puede representar una oportunidad para aprender sobre el respeto, la empatía y la responsabilidad. ¿Qué papel cree que cumplen los animales en el desarrollo emocional de niños, niñas y adolescentes?

Respuesta: Crecer con animales puede ser una experiencia preciosa porque enseña desde muy temprano que convivimos con otros seres que sienten y que dependen también de nuestras decisiones. Un niño puede aprender que querer a un perro no significa solamente jugar con él, sino también respetarlo, darle su espacio, alimentarlo y cuidarlo. Esa educación en la empatía y el respeto por la vida me parece muy valiosa. Y creo que mientras antes enseñemos la tenencia responsable, más posibilidades tenemos de construir comunidades donde el abandono y el maltrato sean cada vez menos tolerados.

Actualmente, muchas personas se refieren a sus perros o gatos como sus hijos y organizan parte de su vida familiar considerando sus necesidades. ¿Cómo interpreta este cambio cultural en la manera de relacionarnos con los animales?

Respuesta: Creo que refleja un cambio cultural bastante profundo. Muchas personas organizan sus vacaciones, sus horarios, incluso dónde vivir, pensando también en sus animales. Y eso habla de que hemos comenzado a reconocer de una manera mucho más evidente los vínculos afectivos que construimos con ellos. Las familias además son diversas y no existe una única manera de conformarlas. Lo importante es que ese amor también venga acompañado de responsabilidad, porque incorporar un animal a nuestra familia significa asumir un compromiso que puede durar muchos años.

La muerte de una mascota puede provocar un dolor profundo, que no siempre es comprendido por el entorno. ¿Considera que nuestra sociedad reconoce suficientemente este duelo? ¿Qué importancia tiene validar emocionalmente a quienes enfrentan esta pérdida? 

Respuesta: Creo que todavía nos falta comprenderlo mejor. Cuando muere un animal con el que compartiste diez, quince años o incluso más, no estás perdiendo simplemente una mascota. Estás perdiendo una compañía cotidiana, una presencia que estuvo asociada a etapas completas de tu vida y, muchas veces, a momentos muy importantes. Decirle a alguien “era solo un perro” o “era solo un gato” puede ser tremendamente doloroso. Cada persona vive su duelo de manera distinta y lo mínimo que podemos hacer es respetarlo y acompañarlo sin minimizar ese vínculo.

Querer a una mascota también implica asumir compromisos relacionados con su alimentación, salud, protección y bienestar. ¿Cómo podemos promover una cultura en que el cariño hacia los animales se traduzca en una tenencia verdaderamente responsable?

Respuesta: El cariño tiene que expresarse también en cuidado. Adoptar o recibir un animal significa hacerse responsable de su alimentación, su salud, su identificación, sus condiciones de vida y evitar que sea abandonado o puesto en riesgo. De hecho, nuestra legislación establece obligaciones concretas respecto de identificación, registro, alimentación, manejo sanitario y bienestar de los animales de compañía. Pero creo que esto no puede abordarse solamente desde la sanción. Necesitamos educación permanente, acceso a esterilizaciones, atención veterinaria y municipios con herramientas suficientes para desarrollar políticas de tenencia responsable.

Usted ha participado en iniciativas relacionadas con el reconocimiento de los animales como seres sintientes. ¿Qué importancia tiene avanzar en esta materia y cómo podría influir ese reconocimiento en la relación entre las personas y sus mascotas?

Respuesta: Para mí este tema tiene una dimensión muy profunda. Soy autora de un proyecto que busca modificar el Código Civil para reconocer expresamente a los animales como seres sintientes, presentado en 2022 y que continúa en primer trámite constitucional. No es solamente un cambio de palabras. Reconocer que los animales sienten dolor, miedo y bienestar implica avanzar desde una mirada en que son tratados únicamente como bienes hacia una legislación que considere de manera más adecuada su condición y protección. Creo que las normas tienen también un efecto cultural: lo que reconocemos jurídicamente ayuda a cambiar la manera en que como sociedad entendemos nuestra relación con los animales.

Para muchas personas que viven solas, sus animales representan una presencia afectiva permanente. ¿Cree que las políticas públicas deberían considerar con mayor atención la relación entre los animales de compañía, la soledad y el bienestar emocional? 

Respuesta: Sí, creo que es una conversación que debemos incorporar con más fuerza. La soledad es una realidad para muchas personas, especialmente para personas mayores, y los animales de compañía pueden constituir un vínculo afectivo cotidiano muy importante. Eso no significa pensar las mascotas como una herramienta o como un reemplazo de los vínculos humanos, sino reconocer una realidad que ya existe en miles de hogares. Las políticas sobre envejecimiento, vivienda, espacios públicos y bienestar comunitario pueden considerar también esa convivencia.

En comunas como San Felipe, Los Andes, Putaendo y otras localidades de nuestro valle, existen organizaciones y personas dedicadas al rescate y protección de animales. ¿Qué acciones considera necesarias para fortalecer la educación sobre tenencia responsable y apoyar el trabajo que realizan estas agrupaciones?

Respuesta: En San Felipe, Los Andes, Putaendo y en muchas localidades del valle hay personas y agrupaciones que hacen un trabajo enorme rescatando animales, buscando hogares, financiando tratamientos y organizando esterilizaciones. Muchas veces lo hacen prácticamente con sus propios recursos y gracias a redes solidarias. La Ley de Tenencia Responsable contempla precisamente la educación, el control reproductivo, el rescate y la posibilidad de que los municipios establezcan fondos para organizaciones dedicadas a la protección animal. Tenemos que lograr que esas herramientas se traduzcan efectivamente en los territorios: más esterilizaciones, educación desde las escuelas, apoyo veterinario, fiscalización del abandono y una relación permanente entre municipios y organizaciones. No podemos descansar únicamente en la buena voluntad de quienes llevan años haciéndose cargo de un problema que también requiere respuesta del Estado.

Más allá de su labor parlamentaria, ¿ha tenido alguna mascota que haya marcado especialmente su vida? ¿Qué recuerdos o enseñanzas le dejó esa relación?

Respuesta: He tenido varios perritos adoptados durante mi vida y todos, de distintas maneras, me han marcado. Cada uno tiene su personalidad, sus mañas y su manera particular de entregar cariño, y al final terminan acompañándote en etapas completas de tu historia. Creo que una de las cosas más bonitas que me han enseñado es precisamente la responsabilidad de cuidar a otro ser vivo y también ese cariño absolutamente genuino que entregan los animales. Por eso para mí la adopción tiene un significado tan especial: detrás de un animal adoptado muchas veces hay una segunda oportunidad, pero también una familia que recibe muchísimo más de lo que imaginaba.

Finalmente, diputada, ¿qué mensaje le gustaría entregar a las familias del Valle de Aconcagua sobre el valor emocional de las mascotas y la responsabilidad que significa incorporarlas a nuestras vidas?

Respuesta: A las familias del Valle de Aconcagua les diría que compartir la vida con un animal puede ser una experiencia maravillosa. Nos acompañan, nos hacen reír, están presentes cuando estamos tristes y terminan formando parte de nuestros recuerdos familiares. Pero precisamente porque los queremos, tenemos que entender que adoptar no puede ser una decisión impulsiva. Es un compromiso de años, con su salud, su alimentación, su seguridad y su bienestar. Y también haría un llamado a preferir la adopción. Hay muchísimos perritos y gatitos esperando una familia en nuestro valle. Darles una oportunidad es un acto de amor, pero sobre todo es asumir la responsabilidad de cuidarlos durante toda su vida.