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Más que cuidar los pies: una vocación que transforma la atención podológica en San Felipe

Con una trayectoria que comenzó en 2011, una profesional de la podología clínica ha hecho de la empatía, la prevención y el trato humano los pilares de su trabajo. Una historia que nos recuerda que detrás de cada atención hay una persona que merece ser escuchada, comprendida y cuidada.

Hay profesiones que se eligen por vocación y otras que, con el paso de los años, terminan convirtiéndose en una verdadera pasión. En el caso de esta profesional de la podología clínica de San Felipe, ambas cosas se han unido para dar forma a una manera muy especial de entender el cuidado de la salud.

Su historia comenzó en 2011, cuando inició su formación en podología. Desde entonces, ha dedicado su trayectoria al bienestar de las personas, acumulando experiencia y construyendo relaciones de confianza con pacientes que, en muchos casos, la acompañan desde hace años.

Pero su compromiso con la profesión no se detuvo ahí. En 2024 decidió regresar a las aulas para actualizar sus conocimientos y fortalecer su preparación, obteniendo nuevamente el título de Técnico de Nivel Superior en Podología Clínica.

Una decisión que refleja su convicción de que aprender y perfeccionarse también es una forma de cuidar mejor a quienes depositan su confianza en sus manos.

Cuando una consulta se convierte en un espacio de confianza

En su consulta de San Felipe, cada jornada está marcada por historias diferentes. Adultos mayores, personas con diabetes, niños y pacientes con distintas necesidades encuentran una atención que busca ir mucho más allá de resolver una molestia.

Para ella, cada paciente tiene una historia, preocupaciones y emociones que merecen atención.

Y es precisamente allí donde aparece uno de los aspectos más hermosos de su trabajo: los vínculos que se construyen con el tiempo.

Algunos pacientes llevan tantos años visitándola que las consultas se han transformado en encuentros llenos de cercanía y confianza.

“Muchas veces comenzamos hablando de sus pies y terminamos conversando de la familia, de sus alegrías, de sus preocupaciones y de la vida cotidiana. Y casi sin darnos cuenta, la hora de atención se nos pasa volando”, relata.

Son esos pequeños momentos los que le recuerdan que su profesión tiene un profundo sentido humano.

Porque detrás de una uña encarnada, una molestia al caminar o una consulta preventiva, existe una persona que necesita sentirse segura, comprendida y bien atendida.

Educar también es una forma de cuidar

Uno de los principios que orientan su trabajo es la educación del paciente.

Su objetivo no consiste únicamente en abordar el problema que motiva la consulta, sino también en explicar sus causas, orientar sobre los cuidados necesarios y entregar recomendaciones que permitan prevenir futuras complicaciones.

Esta mirada cobra especial importancia en adultos mayores y personas con diabetes, para quienes el cuidado adecuado de los pies forma parte fundamental de la prevención y el bienestar cotidiano.

“Creo firmemente que una buena atención podológica no termina cuando el paciente sale de la consulta. También continúa en casa, en los hábitos diarios y en el conocimiento que cada persona adquiere sobre el cuidado de sus propios pies”, explica.

Su experiencia incluye atención de distintas afecciones podológicas y tratamientos de ortonixia para uñas involutas y encarnadas, siempre considerando las características y necesidades particulares de cada paciente.

Una mirada más humana e inclusiva de la salud

Su compromiso con la atención humanizada también la ha llevado a participar como expositora en congresos, abordando temas relacionados con la importancia de entregar una atención respetuosa, empática y adecuada a niños y niñas dentro del espectro autista (TEA).

Estas experiencias han fortalecido su visión de una podología que reconoce las diferencias individuales y comprende que no todas las personas viven una consulta de la misma manera.

La paciencia, la comunicación y la capacidad de escuchar son, para ella, tan importantes como los conocimientos técnicos.

Porque una atención de calidad no se mide solamente por el procedimiento realizado, sino también por la tranquilidad, el respeto y la confianza que experimenta cada paciente.

Una profesión que se ejerce con conocimiento y corazón

Cuando habla de su trabajo, hay algo que se repite constantemente: el cariño por las personas.

La satisfacción de ver regresar a un paciente, recibir una recomendación espontánea o saber que alguien se sintió acompañado durante su atención representa una recompensa que va mucho más allá de lo profesional.

Su trayectoria se ha construido sobre valores que considera esenciales: responsabilidad, honestidad, paciencia, empatía y compromiso.

Y aunque los años le han entregado experiencia, conserva intacta la motivación que la llevó a elegir esta profesión.

Porque cuidar los pies no significa solamente aliviar una molestia. Significa contribuir a que una persona pueda caminar con mayor comodidad, conservar su autonomía y disfrutar de una mejor calidad de vida.

En tiempos donde muchas atenciones parecen transcurrir con prisa, historias como esta nos recuerdan la importancia de recuperar algo esencial: el valor de escuchar, acompañar y tratar a cada persona con dignidad.

Y en San Felipe, esa filosofía encuentra un espacio donde el conocimiento profesional y la calidez humana caminan juntos.


Atención podológica en San Felipe

La consulta ofrece evaluación y atención podológica para distintas necesidades, incluyendo:

  • Onicomicosis (hongos en las uñas).
  • Uñas involutas.
  • Uñas encarnadas.
  • Queratosis (engrosamiento de la piel).
  • Helomas (callosidades localizadas).
  • Tratamientos de ortonixia.
  • Atención preventiva y educativa, especialmente para adultos mayores y personas con diabetes.

Dirección: Santo Domingo 61, San Felipe.

Reserva de horas: WhatsApp +56 9 9392 4712.

Instagram: @podologiaclinica2021

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