Pilates Noonchi: el emprendimiento que Andrea Soto cuida como a un hijo
Desde Los Andes, Andrea Soto ha construido mucho más que un estudio de pilates. Su historia reúne perseverancia, atención a los detalles y una filosofía inspirada en un concepto coreano: comprender a las personas para acompañarlas mejor.
Hay emprendimientos que nacen de una oportunidad comercial. Otros comienzan con una convicción profunda y terminan convirtiéndose en parte de la vida de quienes los crean.
Para Andrea Soto, fundadora de Pilates Noonchi, en Los Andes, su estudio pertenece a esta segunda categoría.
«Es mi hijo», dice al hablar de un proyecto que ha acompañado durante años, desde sus primeras clases hasta la comunidad que hoy se reúne en sus instalaciones de calle Esmeralda 1390, en el segundo piso.
Y la comparación no termina ahí. Andrea siente que ese hijo ya está entrando en la adolescencia: ha crecido, ha superado dificultades y todavía tiene mucho por desarrollar.
Una historia que comenzó mucho antes de abrir sus puertas
El camino de Andrea en el pilates comenzó en 2013, cuando impartía clases en gimnasios y de manera particular. Fueron años de aprendizaje, esfuerzo y personas que, según recuerda, aparecieron para ayudarla a avanzar.
Ella las llama sus «pequeños ángeles»: personas que, en distintos momentos, aportaron confianza, apoyo y oportunidades para seguir creciendo.
Con el respaldo de su padre durante la formalización del emprendimiento y una visión cada vez más clara, Andrea dio forma a su propio espacio. En 2019 nació Pilates Noonchi, un estudio pensado para ofrecer una experiencia que combinara ejercicio, bienestar y atención personalizada.
Pero el crecimiento no estuvo libre de obstáculos. Poco después de iniciar esta nueva etapa, llegó la pandemia, que obligó a innumerables emprendimientos a detenerse, reorganizarse y buscar maneras de sobrevivir.
Andrea debió enfrentar esa incertidumbre cuando todavía estaba construyendo las bases de su proyecto. Lejos de abandonar lo que había comenzado, decidió continuar.
Noonchi: el valor de comprender lo que otros necesitan
El nombre del estudio encierra una idea que ayuda a comprender su identidad.
Nunchi (눈치) es un concepto de la cultura coreana relacionado con la capacidad de interpretar el ambiente, reconocer el estado emocional de otras personas y comprender necesidades que no siempre se expresan con palabras.
La escritora Euny Hong lo popularizó internacionalmente al vincular esta sensibilidad social con la posibilidad de construir mejores relaciones y desenvolverse con mayor éxito en la vida.
Andrea asocia esta filosofía con el éxito y la felicidad. Pero en su estudio adquiere un sentido muy concreto: prestar atención a quien llega, comprender cómo se siente y ofrecer una experiencia adecuada a sus necesidades.
Porque no todas las personas llegan a una clase de pilates de la misma manera.
Algunas buscan fortalecer su cuerpo, mejorar el equilibrio o recuperar movilidad. Otras llegan después de una jornada difícil, con cansancio o preocupaciones que también forman parte de su experiencia.
En Noonchi, la aspiración es que el equipo docente pueda reconocer esas diferencias y adaptar las rutinas cuando sea necesario.
Un espacio seguro que se construye desde los detalles
Durante la visita al estudio, hay algo que llama la atención: el cuidado puesto en elementos que podrían parecer pequeños.
Las dos salas, destinadas a pilates reformer y trabajo en muro, cuentan con equipamiento específico. A ello se suman detalles de comodidad, como ofrecer un caramelo a quienes asisten o disponer de accesorios para recoger el cabello.
Andrea también ha invertido en una sala de espera acogedora, con sillones y espacios para cambiarse antes de las clases. Una particularidad es que este lugar se encuentra disponible para personas que utilizan otros locales y servicios del edificio.
Son decisiones que revelan cómo entiende su emprendimiento: la experiencia de una persona no comienza cuando inicia el ejercicio, sino desde el momento en que llega.
Por eso, la expresión que mejor resume el propósito de Noonchi es «espacio seguro».
Un lugar donde las personas puedan ejercitarse, sentirse acompañadas, aprender y avanzar a su propio ritmo, sin que su experiencia quede reducida a una rutina física.
La tecnología también forma parte del crecimiento
La mejora continua es una de las convicciones que Andrea transmite con mayor claridad.
Esa búsqueda también se expresa en la incorporación de herramientas digitales. Actualmente, Noonchi cuenta con una aplicación para iPhone y dispositivos Android, desde la cual sus usuarios pueden consultar información de sus clases, acceder a su perfil y gestionar reservas.
Andrea también relata que ha incorporado asistencia automatizada para responder consultas y apoyar la coordinación de horarios.
Sin embargo, detrás de estas inversiones aparece una misma prioridad: facilitar la vida de quienes confían en el estudio, sin perder el trato cercano que ha marcado su crecimiento.
Un proyecto que todavía tiene mucho por entregar
Andrea mira hacia adelante con la intención de seguir perfeccionando sus servicios, fortalecer la comunicación con sus alumnos y explorar nuevas posibilidades.
Entre las ideas que considera está ampliar la participación masculina en el pilates, una disciplina que también puede contribuir al fortalecimiento, la movilidad y el equilibrio de los hombres.
Su historia demuestra que emprender no consiste solamente en abrir un local, adquirir equipamiento o desarrollar una marca.
También significa cuidar lo construido, escuchar a las personas, aprender de las dificultades y tener la sensibilidad suficiente para comprender que cada detalle puede transformar una experiencia.
En Los Andes, Pilates Noonchi continúa creciendo bajo esa filosofía.
Y quizás ahí se encuentre el significado más especial de su nombre: un emprendimiento que busca el éxito no solamente en su crecimiento, sino también en su capacidad de comprender, acompañar y hacer sentir bien a las personas.